ANTARTICA by Antonio Pastor L. on Grooveshark
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domingo, 30 de junio de 2013

Hombres vivientes en este mundo.



“OS HABLAMOS A VOSOTROS, LOS VIVOS: LOS MUERTOS YA CONOCEN LA VERDAD”.

Nosotros os hablamos, hombres vivientes en este mundo, a vosotros que tenéis el deber Sagrado de perpetuar la especie humana sobre vuestro planeta.

Nosotros os hablamos, a vosotros que estáis en el mundo y sois del mundo y que ignoráis la verdad; nosotros no tenemos nada que decirles a los muertos que ya conocen la Verdad y que ruegan con el fin de que no sea el mal, sino el bien quien dirija vuestra existencia efímera y pasajera en este mundo.
Los efectos dolorosos y desesperantes, fruto de vuestras malsanas y dañinas obras, vuelven todavía más difícil la purificación de Sus Espíritus, también cargados de pesados fardos.
Vosotros deberíais comenzar a comprender y dar su justo valor a lo que ha sido dicho y escrito por Aquél que, dejando vuestra Libertad, ha profetizado vuestra Salvación, vuestra Paz y vuestro Bien con un Juicio Divino. Al fin, vosotros deberíais comprender, o al menos adivinar, la razón de nuestra presencia en vuestro mundo y de nuestra obra ansiosa e infatigable de despertar y de advertencia.

Nosotros queremos conservar nuestra, y vuestra, especie, guardarla y volverla plenamente consciente de los Valores Eternos que reglan el Devenir de todo lo Creado por el Dios Supremo, Padre Creador.

Nosotros os hemos expresado, muchas veces, el deseo de ser escuchados y de aceptar nuestra invitación a meditar sobre esto que, de diversas formas como manifestaciones simbólicas y acontecimientos de advertencia, os hemos dicho. Vuestro furioso escepticismo y vuestra fe incapaz, son siempre las principales causas que os impiden realizar los puntos de base de contacto que unen el arco del tiempo pasado, con el del tiempo presente.
Todavía hoy, vuestra incapacidad y vuestro amor insensible a la Luz de la Verdad Universal, que Jesús-Cristo ha dejado en el mundo, os impiden entrever la Sintonía Perfecta, nacida de nuestra obra, con lo que os ha sido transmitido por la profecía Divina. Nuestro titánico esfuerzo para despertar las Capacidades Espirituales adormiladas y acomplejadas, siempre está tendido hacia la obtención de los Designios Divinos. Y, en verdad, no estamos solos en esta empresa universal.

Además del consuelo de la Conciencia Crística, tenemos a nuestros Hermanos que, como terrestres, viven entre vosotros, utilizan vuestro lenguaje y aparentemente, siguen vuestra lógica. Pero en verdad, ellos no pertenecen a vuestro mundo, ni aprecian las causas injustas, que los hombres edifican con una ligereza mental cínica.

Su lenguaje es el nuestro, porque en sus palabras hay Espíritu del Amor puro, la Llama ardiente de Justicia y de Paz.
Nosotros somos ellos y ellos somos nosotros.
Estos son los elegidos, los capaces, los designados, las joyas de Dios que, todavía una vez más, vinieron a habitar vuestro mundo para ser vuestros servidores y para encender la Llama del Amor más grande de todos los Amores.
Su obra no es tan fácil como lo piensan ciertas Almas. Su sacrificio es grande, tanto más, pues deben soportar la ignorancia de los hombres, vivir en un mundo en donde el Amor Verdadero no existe y en donde la injusticia alimenta los delitos más crueles y despiadados.

Nosotros tenemos el gran deber de hacer reposar en sus corazones la Paz de Cristo y de consolar sus Espíritus en este duro trabajo.

¡Maldición! ¡Maldición a los que se permitan tocar a uno solo de sus cabellos! ¡Maldición!
Si vosotros no sois capaces de soportar la luz deslumbrante de su Bien Fraternal Universal, alejaros sin reflexionar dos veces.

Por el contrario, si vosotros sois capaces de sentir la armonía sublime de sus Almas y la dulzura que poseen sus corazones, entonces, escuchadlos porque ellos hablan nuestro lenguaje, expresan nuestras ansiedades y llevan la Luz de las Verdades Eternas. Ellos, como nosotros, hablan a los vivos porque saben que los muertos ya conocen la verdad, ya que están vivientes en la Luz Crística de la resurrección, pero sería vano de hablar si el Espíritu de la Verdad no os diera, aún por un instante, la certeza de vivir para aprender y de existir por una voluntad.
                                                                                     

                                                                                                Eugenio Siragusa.



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